APEGO

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EL PROCESO DE CONOCIMENTO Y ACERCAMIENTO MUTUO.

El nacimiento de un hijo es un momento de profunda alegría y satisfacción. Sin embargo, cuando nace antes y presenta algunas diferencias de lo que nos habíamos imaginado, inevitablemente se alteran las expectativas, anhelos y procesos afectivos de los padres y de todo el grupo familiar.

Mucho se ha hablado sobre el APEGO como un “enamoramiento instantáneo” entre padres e hijos, lo que en la práctica no siempre es así, sobre todo cuando hay una hospitalización de por medio. Se debe comprender que no necesariamente los hitos como la lactancia, el tener cerca al hijo en el momento del parto o el haber tenido un embarazo tranquilo, son únicos para desarrollar un buen apego. Si bien son momentos que ayudan a fortalecer este vínculo, pueden ir apareciendo otras instancias que permiten una cercanía profunda que facilita el desarrollo del amor de los padres con su hijo. Entonces, se hace necesario entender que el APEGO es un proceso que se va construyendo y fortaleciendo día a día, y es promovido por los avances en su hijo lo que ayuda a la interacción, transformando esto en un circuito de retroalimentación positiva. Con el tiempo, poder realizar la atención de sus hijos también es un claro ejemplo de esto, ya que permite interactuar más con su hijo pese a la hospitalización, y eso es uno de los factores que promueve el vínculo.

Se conoce como APEGO al fuerte vínculo de unión que se desarrolla entre dos personas. Su objetivo más inmediato es la búsqueda de la proximidad de la otra persona en momentos en que nos sentimos amenazados, ya que proporciona seguridad, consuelo y protección. En otras palabras, los niños cuando sienten hambre, frio o cualquier otro estado desagradable, buscan a través del llanto, sonrisa, gesto o mirada que su madre, padre u otro cuidador, los calme y les entreguen lo que necesitan. Así, se va desarrollando un sentimiento de amor y atención que da paso a esa sensación de “ser capaz de hacer todo por un hijo”. En el caso de los recién nacidos prematuros extremos, inicialmente, estas señales son difíciles de comprender, pero pese a eso, poco a poco, las madres y padres logran diferenciar los estados de sus hijos y comprender qué es lo que necesitan y cómo calmarlos.

El haber experimentado que un hijo nazca varias semanas antes de la fecha que se tenía para el parto, o como ocurre en muchas ocasiones, haber estado varias semanas hospitalizada para que no se produzca el nacimiento, el haber tenido un parto difícil y el hospitalizar a su hijo al nacer, puede generar emociones como angustia, pena, dolor, culpa, temor, etc. Las madres a veces tienden a revivir una y otra vez el embarazo, el parto, las actividades que realizaron y buscan encontrar “la causa” que hizo que su embarazo no llegara a término. Muchas preguntas quedan sin respuesta, porque en la mayoría de los casos, no existe “esa” causa que explique el parto prematuro. Sin embargo, todos estos son sentimientos necesarios de vivir y aceptar, para poder seguir adelante con una relación sana con este hijo.

Muchas veces pasa que el ver al niño tan frágil e inestable en un comienzo puede generar en los padres un temor a vincularse o a acercarse. No saben qué decir, ni qué preguntar, miran con extrañeza a su hijo, están perplejos y sorprendidos, en shock. Con el paso de los días y semanas, los padres logran aceptar sus propios sentimientos y la condición de su hijo y se muestran interesados por aprender y conocer más en detalle sobre la prematurez. Muchos se transforman en expertos conocedores de esta condición y de cómo interactuar con sus hijos y traspasan este conocimiento y entusiasmo al resto del grupo familiar, y a veces, a otras parejas que están viviendo la misma experiencia.

Entre los aspectos más importantes de esta interacción se encuentra la Sensibilidad Paterna, entendida como una disposición de los padres para detectar y atender en forma adecuada las señales del niño, de manera que lo tranquilizan e incrementan su confort, reduciendo su angustia. No significa “estar apegado” en el sentido de tener que estar siempre unido o “pegado”, sino que un adulto sensible sería quien se da cuenta de las señales de su niño, las interpreta y responde de forma apropiada. Ahí es posible ver que cada madre o padre, con el tiempo es capaz de reconocer el llanto y las señales específicas de su propio hijo, pudiendo atenderlas del modo como a él le gusta. En el caso de los prematuros, por ejemplo, vemos que en momentos de mayor fragilidad tal vez no es posible tomarlos en brazos, pero el hecho de saber que su hijo en ese momento necesita menor estímulo y cuidar eso, habla de que conocen la necesidad de él y actúan coherente con eso. Eso es Sensibilidad Parental. Asimismo, el equipo de salud también va desarrollando una disposición a atender las necesidad es de su hijo de manera sensible, de ahí la importancia de comunicar estas experiencias mutuas para el bienestar del niño.

Finalmente, es importante saber que cada uno experimenta un proceso de vínculo único e individual, por lo que cada miembro de la familia puede vivirlo a su ritmo. El respetar los tiempos de cada uno, el no imponer etapas y el vivir honestamente todos los sentimientos y emociones que surjan, facilitará el proceso de vínculo seguro. Recordar que su hijo no está enfermo sino que nació prematuro, puede permitirles que se maravillen de los avances y progresos que él realiza cada día, cada semana y cada mes. La mayoría de los niños puede desarrollar un apego seguro a futuro, esto es la capacidad que los niños tienen de explorar en forma activa el lugar donde se encuentran con la seguridad de que su cuidador está disponible, y pueden recurrir a él o ella si lo necesitan. Es fundamental promover el vínculo de apego entre los padres de prematuros y su hijo, especialmente el grado de sincronía entre ambos, ya que es un factor determinante del neurodesarrollo posterior de éstos, favoreciendo futuras habilidades y desarrollos del niño, y disminuyendo así las consecuencias adversas de un nacimiento prematuro. Por otra parte, genera gran satisfacción en los padres y en el recién nacido, promueve vínculos sanos a futuro, y una buena salud mental.