Javier Cabezón: “Ser papá significa ser también buena pareja, buen amigo, buena persona”

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Cuando un hijo nace prematuro siempre se le pregunta a la madre cómo vivió el proceso y qué significó esta experiencia de vida para ella. En esta ocasión quisimos hablar con Javier Cabezón, un papá excepcional, que nos relata su vivencia a partir del día que nació su primogénito, Renato, que llegó al mundo adelantado a las 29 semanas de gestación.

Javier tiene 37 años, es Arquitecto y él tercero de cuatro hermanos, “soy de una familia muy aclanada, estoy casado con Francisca hace tres años, pero hemos estado juntos 15, y nos conocemos desde el colegio, así es que realmente la conozco de toda mi vida”, nos cuenta. Con Francisca tienen un solo hijo, Renato, “Rana” o “el dorado”, quien nació el 2 de febrero del 2016, de manera prematura extrema.

Al preguntarle a Javier por qué “Rana” nació tan prematuro, nos comenta que la historia de Renato empieza desde antes que naciera, “cuando la Pancha quedó embarazada también nos enteramos de que el embarazo iba a ser de alto riesgo ya que el embrión se había implantado mal en el útero, era un embarazo ístmico. Esto significó que mi Señora tuvo que tener reposo desde el día uno”, comenta. Sin embargo, en la semana 18, de manera abrupta, a Francisca se le rompió la membrana lo que significó que la tuviesen que hospitalizar por el resto del embarazo, sin poder levantarse de la cama para así llegar a la semana 24, pues era muy probable que existiese una infección antes. “Fue en este minuto que decidimos llamarlo Renato “Volver a Nacer” y a partir de ahí fue mi Señora la que se llevó el mayor trabajo, pero también entendí rápidamente que mi rol principal tenía que ver con contenerla mientras empollaba a nuestra Ranita, generándole seguridad, tranquilidad y sobretodo amor”, expresa Javier.

Javier y Francisca sabían que su embarazo podía llegar, máximo, hasta la semana 32, y que Renato sí o sí iba a ser prematuro y, lo más probable, con problemas respiratorios ya que sus pulmones iban a estar muy poco desarrollados por la falta de líquido amniótico. Fue así como esta pareja aprendió a conectarse con “Rana” de diferentes maneras, “como por ejemplo con técnicas de estimulación temprana”, cuenta Javier.

Después de casi tres meses de estar postrada en cama, Pancha, como le dice cariñosamente Javier, al cumplir la semana 29, tuvo un desprendimiento importante de placenta, lo que provocó un parto de emergencia. Renato nació a las 5:58 de la mañana, pesó 1,3 kg y lloró con mucha fuerza. “Para mí fue increíble verlo respirar solito, fue todo muy rápido, y ni siquiera Francisca pudo verlo, los cuidados tenían que ser extremos, y así comenzamos una nueva etapa insospechada por todos”, confirma Javier.

Una etapa de amor y paciencia 

El parto de Francisca fue muy complicado, “Pancha estuvo en coma inducido por un día entero en la UTI, con riesgo vital, y por el otro lado, ese mismo día en la tarde, Renato empeoró su capacidad de respirar solito, necesitaba óxido nítrico y eso significó llevárselo de urgencia a otra Clínica. De ahí en adelante se activó en mí el “modo guerrero”; actuar y tomar decisiones en piloto automático, entendiendo que toda mi vida se estaba derrumbando y yo simplemente tenía que aguantar de pie. A partir de ese minuto los roles cambiaron, el nexo entre Renato y nosotros ya no era directamente con la Mamá, sino que era conmigo, el Papá”, relata Javier.

Francisca se demoró una semana en recuperarse y volver a caminar, lo que significó poder conocer a Renato después de siete días ya que cada uno se encontraba en Clínicas distintas. “Durante esa semana, lejos la más difícil de mi vida, tuve una doble vida. Con Renato, me pasaba las horas hablándole de su mamá y de lo lindo que va a ser la vida con nosotros, alentándolo a que respire profundo, que sea fuerte; sentía que me escuchaba. Generamos tal conexión que, hasta el día de hoy, al vernos, me da la sensación que sabe todo lo que vivimos juntos y que fue solamente nuestro. Por otra parte, con la Pancha era el puente físico y emocional, un mensajero que tenía que saber manejar la información, para que la Pancha se pudiese concentrar en su recuperación. Le hablaba de cómo era Renato, se lo describía, le mostraba fotitos de sus manos y de sus patitas, pues el entorno de él era un poco hostil y eso yo tenía que suavizarlo de alguna manera”, explica Javier.

Renato se demoró un poco más de lo esperado en salir adelante, le costó mucho respirar por sí solo, estuvo seis meses en la UTI, seis meses con traqueotomía y una vez dado de alta, dos meses más con hospitalización domiciliaria. “En su octavo mes de vida logramos sacarle la traqueotomía y finalmente pudo respirar solito, y fue ahí que descubrió el mundo a través de su voz”, comenta emocionado.

¿Cómo fue tu experiencia como papá?

 “Para mí como papá fue un proceso interno gigante, ya que culturalmente se dice que los papás siempre se involucran más cuando la guagua ya interactúa y que antes somos sólo espectadores. Pero mi vivencia dice todo lo contrario, mi conexión con Renato comienza cuando escuchaba tres veces al día sus latidos, al regalonearlo y sobretodo ver su fuerza por nacer bien. A pesar de lo duro que fue mi vivencia, lo miro como algo increíble. Sé que el primer año de vida fue muy diferente a lo que siempre me imaginé, pero la conexión que generé con Renato ha sido tremendamente especial y potente, y crece día a día. He entendido que mi rol no se simplifica sólo en acompañar o en trabajar por la familia, sino en ser, al igual que la mamá, una bisagra permanente entre hijo-padres-familia-sociedad. Ser papá significa ser también buena pareja, buen amigo, buena persona”, indica.

¿Cómo fue tu experiencia con la Corporación?

 «En todo el primer período cuando Renato estuvo en la UTI, la Corporación nos apoyó con asesoría psicológica. A mi parecer, eso fue fundamental como canalizador de emociones y vivencias, ellos nos entendían ya que estábamos hablando el mismo idioma».

¿Qué le dirías a los padres que están pasando por un proceso parecido?

«Pienso que lo más difícil de afrontar es la incertidumbre, debemos tener tranquilidad para entender que todos los procesos son diferentes y únicos, realmente sabemos muy poco de lo que puede pasar. El tiempo debe ser secundario en virtud de tener la completa convicción de que las cosas se hacen porque un hijo sea feliz. Pienso que una situación como esta no debe enfrentarse solo, debe ser en pareja, familias, amigos, profesionales, pues el apoyo debe ser mutuo, ya que es fácil aislarse, echarle la culpa al otro, ser una carga más que un aporte, caer en el egoísmo y depresión».

«Finalmente, esto no le está pasando a uno, le está pasando a tu hijo, él es el que está luchando día a día por vivir, y cuando yo me di cuenta de eso cambió la perspectiva de mi vida, y fue en ese minuto en que estuve dispuesto a dejar todo por mi familia».