Soledad Undurraga: “Los niños avanzan, sorprenden mucho y uno crece con ellos en este camino”

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Soledad Undurraga tiene 36 años y es madre de tres niños. Cuando estaba embarazada de su primer hijo, tuvo que tener una cesárea de urgencia y Simón nació de 29 semanas. Acá nos cuenta cómo vivió ese proceso.

Soledad está casada con Tomás Vial y son padres de tres pequeños, “Simón de tres años, y los mellizos Diego y Martín de 11 meses. Todos fueron prematuros, Simón nació de 29 semanas y los mellizos de 35.”, cuenta. Sin embargo, fue cuando nació su primogénito que pasaron el mayor de los sustos, “yo tenía 29 semanas de embarazo y me tomaron muestra del líquido amniótico; el resultado dio un color completamente turbio, era porque tenía meconio y había indicios de que pudiese haber riesgo para Simón, por lo que me hicieron una cesárea de emergencia”, comenta.

​Con el nacimiento de Simón empezaron un camino desconocido y a veces de mucha angustia y tensión. Soledad relata que su embarazo fue siempre de alto riesgo ya que tuvo una falla hepática grande que comenzó alrededor de los cuatro meses de gestación, “y además a mis 20 semanas se le detectó en las ecografías algo raro en el intestino a Simón”, explica. En el hospital clínico de la UC le hicieron muchos exámenes, sin embargo, nunca hubo claridad total del diagnóstico. Solamente cuando nació, se vio en las radiografías que su intestino estaba perforado, “lo operaron al día siguiente de haber nacido, pesando un poco más de un kilo y yo aún no lo conocía. Fue tremendo, se nos vino el mundo encima porque pasamos de estar ilusionados con la llegada de nuestro primer hijo a sentimientos de mucha angustia e incertidumbre”, manifiesta. Simón pasó más de cinco meses hospitalizado y lo operaron en cinco ocasiones.

​Pero esta historia tiene un final de los cuentos de hada ya que Simón hoy es un niño sano y feliz, “uno mira para atrás y dice que fue un proceso duro, pero hoy no veo esa experiencia con angustia, a pesar de la incertidumbre que vivimos cuando Simón estaba hospitalizado; él para mí es un milagro ya que lo operaron al día que nació con un riesgo asociado muy grande porque se podría haber muerto”, comenta emocionada. Simón hoy asiste al jardín, juega, interactúa con sus hermanitos, como cualquier pequeño de su edad, “cuando sea más grande Simón va a poder entender, sabrá qué tiene de especial que haya nacido antes y cómo ha ido marcando su desarrollo, pero ahora lo veo, y es puro amor”, indica.

¿Soledad, qué le dirías a los padres que están pasando por un proceso parecido?

Tengan esperanza, fe y fuerza porque todo es muy angustiante en el minuto y uno no ve mucho la luz al final del túnel. Hay que tener paciencia y mucha fe en lo que pueden hacer los niños, se ven tan chiquitos y lábiles, pero son muchos más fuertes de lo que uno cree y como papás nos terminan sorprendiendo y enseñando mucho. Va a llegar el día, aunque en ese minuto uno no lo vea, que uno va a mirar para atrás y realmente te olvidas por todo lo que pasaste. Además, es un proceso de día a día, un día se puede avanzar y otro retroceder, pero a la larga los niños avanzan, sorprenden mucho y uno crece con ellos en este camino.

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